sábado, 9 de enero de 2016

De El Mirador vengo a El Mirador voy



"Profe, tú no puedes entenderlo. Nosotros somos de pueblo. Hablamos y somos así", me dice el alumno cadalseño, el que vive y estudia en este rinconcico montañoso del suroeste de Madrid.

-" Mira, Juan Manuel, no es que quiera quitar yo relevancia a tu afirmación identitaria, pero es que yo no salgo precisamente de la entraña de la urbe ni soy hija de la diosa Cibeles, la que regula el tráfico de la capital...".

-"Que sí, que ya nos lo has dicho. Vives en El Escorial. Eso no se puede llamar pueblo, profe; mucha gente y turista y Monasterio y todo ".

¡Vaya sorpresa saber que la nueva de Lengua es de pueblo y, además, de Murcia, que a ellos, que se creen pueblerinos (madrileños, eso sí) se les antoja un paraje deslocalizado y anacrónico!

Cuando llegué a Cadalso de los Vidrios me encontré en la carretera con un cartel para mí llamativo, que evocó en mi mente otro lugar y tiempo. En él se leía "El Mirador". Salía a darme la bienvenida un nombre que en mi vida ha sido más que un lugar de procedencia; ha representado una identidad: El Mirador, pedanía del municipio de San Javier, en Murcia (registrado en Facebook con la referencia de El Mirador Huerta Del Mar Menor).

Allí fue destinado mi padre como profesor del colegio en el año 1982, si no me equivoco. Y allí crecí yo, la hija del "maestro", el "panchón", que era como se conocía a mi padre (doy por hecho que cariñosamente) por su carácter apacible, sosegado, quizá ralentizado. Mi madre, que también ejerció la docencia en aquel centro, era " la eléctrica" (que me perdone el recordatorio), precisamente por todo lo contrario, por ser la profe polvorilla. Creo que, por eso, yo soy mitad panchona-mitad eléctrica (hoy me decía una compañera de mi instituto que parezco la "mujer zen"; ya le he dicho que tendría que verme como sargento " brujil" en casa).

Decía que a El Mirador llegué cuando no era más que una aldea, una rica y próspera aldea que empezaba a florecer gracias a la exportación de frutas y hortalizas, principalmente al extranjero.

"Allí vivían, chicos, gentes buenas y auténticas, como aquí. Hace treinta años no había ni agua corriente. Venía "El Rojo" con su cuba a repartir agua por las casas. No había farmacia ni centro médico ni supermercados. En caso de necesidad, uno se iba a San Javier buscando asistencia sanitaria y, para comprar, recurría a la tienda de "Ca Concha", la "panadería de Elena" o la pescadería (de la madre de mi amiga Loli Conesa Zapata) y la carnicería, que de esto sí había.

En "El Mirador" todos los niños jugábamos en la calle. Apenas había circulación y nadie temía ningún peligro, igual que os ocurre a vosotros en Cadalso. Yo podía estar jugando en el barrio de "La Rosaleda", conLourdes MartinezOlimpia Zapata MartinezNely Martinez Almagro o María Maria Dolores Gomez Lopez, bastante alejada de mi casa, y mi madre, con una voz desde el balcón conseguía rápidamente transmisores intermedios que me hicieran llegar el ineludible mensaje, el de batirse en retirada.

A casa se subía con las piernas bien marcadas, con diversas heridas de guerra, y la íntima satisfacción de haber disfrutado del juego, del aire libre, de la infancia.

"Al cole iba andando, como hacéis vosotros, al paso de mi padre, que, por cierto, nunca fue mi profesor; cruzando la rambla y rodeando su higuera, arrasadas ambas poco tiempo después por el cemento que las convirtió en pista de fútbol y parque infantil. Si llovía era todo un lodazal, debido a las infraestructuras precarias y a las lluvias torrenciales de mi tierra. A los profesores, cuando llegaban las fiestas, se les agasajaba con cajones de calabacines, pimientos y hasta algún conejo (vivo, eso sí).

Los miradorenses nos trataron siempre con mucho cariño. Mis padres fueron profesores de chicos de pueblo. El que no quería estudiar rápidamente era mandado a trabajar a los invernaderos".

"No os escudéis en la idea de "yo soy de pueblo, hablo así y no valgo para estudiar", porque hasta en el pueblo más rural y pequeño he visto yo a chavales convertirse en grandes figuras, en abogados, en empresarios, en profesores (como Félix J. García Clemente), profesionales (Silvia EspinAlicia Aviles FernandezAzucena Avilés o Ana Belén Escudero, entre otros muchos), en trabajadores de los distintos sectores que se desenvuelven con corrección y soltura por el mundo. Da igual si aspiráis a ser médicos, ingenieros, trabajadores del campo, ganaderos (como sé que os gusta). No renunciéis a la posibilidad de formaros, de aprender todos aquellos conocimientos de matemáticas, historia o lengua que os convertirán en ciudadanos que tienen conciencia de su entorno y conocimientos suficientes para entender el mundo en el que les ha tocado vivir".

Rindo homenaje hoy a las escuelas rurales, a los pueblos pequeños, a las gentes auténticas, como las de El Mirador, que marcaron mi infancia y la vida de mi familia. En mi casa siempre se dijo: "Allí fuimos muy felices". Buenas noches, El Mirador, Huerta del Mar Menor (de Europa).



No hay comentarios:

Publicar un comentario